La Historia de un Hada Dulce 1.1
Cuéntese de épocas aquellas antiguas donde la fauna vibraba tanto en día como en noche, los humanos no se aventuraban en los bosques y libre se corría la gaia de una primitiva humanidad y de estos los invasores respetaban y vivían en armonía en la naturaleza.
Pero bueno basta de clases de historia, y juntémonos a escuchar lo que debemos, que es un relato llegado a mi a través de una serie de seres, dijese que el primero en pasarlo fue un gato, no uno casero actual humano, sino un cazador silvestre libre de engaños, este se lo contó a un fauno, que contaba la historia mientras tocaba la flauta para darle un poco de ambiente y así fue como lo escucho un duende el cual molestaba a los malos humanos y entretenía a los niños con cuentos oídos por el fauno. Así en mi pequeña infancia llego a mis oídos tal historia.
Dijeron que en las épocas aquellas los reinos de hadas, duendes, gnomos y sátiros vivían despertar en el bosque, libre y elocuentes. En este bosque escondido no profanado el máximo humano era un druida ermitaño que vivía en los limites del bosque y el campo. Así con tal relajación comienza la historia de un hada de dulce corazón. Esta vivía sin querellas en un castillo que salía de un florido de azucenas, un abierto en al campo donde el sol rebotaba sobre estas flores blancas donde mariposas, aves, gusanos y plantas vivían y revoloteaban. En el hadeado, forma de las hadas de llamar a su reinado, no existía aristocracia ni una efímera democracia, se vivía en una completa armonía sin diferenciación y utópicamente reinaba la razón sensible del día, la comprensión de los hechos y la correctitud de las cosas, pero estas ideas no importaban ya que el conocimiento era implícito y otorgado por la madre naturaleza.
Centrémonos en esta hada bella como flor y portadora mostradora de su verdadera imagen, ya que en si esa era la significancia de su nombre inteligible porque su lenguaje no puede ser escrito así que la llamaremos como corresponde. La pequeña hada corría y volaba esparciendo por el campo sus polvos, este pequeña conocida por su dulzura que en cada flor en la que se posaba se volvía dulce en extremo, una ambrosía para abejas e insectos, faunos, gnomos y duendes las recogían, estas flores por el dulce aroma que emitían.
Parecía todo lo que tocaba la hada en dulce se convertiría. Pero este era sola un aspecto de la dulce hada, porque su belleza no tenia nada que se le comparara, ojos intensos como la oscura noche al fijar su mirada rodeada de un iris colorido como el arco iris que cambiaba con cada nota de sus sentimientos, alas cortas y finas que la hacían volar tan rápido como lanza un centauro su jabalina. Un rostro táctil y bello fino como porcelana suave como el misterio. Oh y el cuerpo que cuerpo divino curvado como la realidad en un encuentro benigno. La hada era reconocida y querida, no tenia al parecer enemigos en su familia y con familia me refiero al hadeado el reino de las hadas.
Esta criatura del bosque conoció un día un mago que andaba por el campo y este le hablo de conceptos en habla humana para explicar el llano de la existencia, que es como los humanos perciben la vida, con sus ciencias exactas o inexactas como las matemáticas y la magia. El hada conversaba con el mago y sentía un rubor al escucharlo y su aroma de dulzura engatusaba al humano, que quería tenerla y pensaba en retenerla. Este mago era bueno, un buen artista del engaño, ya que su magia no era negra, era de la naturaleza pero usada para su beneficio, costumbre actual en los humanos, pensar en su bien y no en quien o a que le podrían causar un daño, el egoísmo implícito del bienestar menester pero efímero en su ser.
Entonces, el hada se interesaba más por las historias del mago de mundos de piedra, dragones y miseria y como este le contaba que contra ellos competía queriendo traer a la humanidad una mejor dicha, cuando en realidad el oscuro pasado de este lo había traído a esconderse en el bosque silvestre. -Seudo Mago!- Grita un sátiro que paseaba por el campo, saltando y tocando y a veces murmullando una tonada. A esto el mago se levanta decidido a hacer retroceder en el comentario al pobre cantor, el hada perpleja mira un cambio en sus ojos en sus muecas, pero el mago se detiene, la actuación lo retiene y grita –Ea, señor fauno, sátiro encorvado porque no buscas mujeres que engatusar con tu canto y las traes al bosque a ser ninfas sin voluntad- a esto el hada mira acongojado al fauno que cantando se aleja diciendo entre música esta letra –Oh! pequeño humano, que no sabe mas que creer que le han contado, si traigo de los tuyos la bosque es para su libertad y dejar que por sus conceptos en la miseria se vayan a encontrar, una armonía en naturaleza, con la tieee-rra…-.
Este era el primer encuentro del mago con otro ser del bosque que podía percibir su embustero ajuste, ya que radiaba para el fauno, sonidos engañosos escondidos con otros propósitos. El hada no podía percibir ya que había quedado enganchado con la percepción del conocer, el habla y el haber.
El sátiro previamente comentado conocido en sus dialectos como la medicina y el protector, ya que su dinastía en eso había cabido a efectuar para a sus amigos del bosque ayudar.
El fauno ofrecía con la música de su flauta protección de la entrada de extraños agresivos que se veían alejados por el fuerte sonar de su son y armonía provenientes del corazón del bosque, esta misma melodía efectuaba para ellos una falta de agonía de sus males, ya que fortificaba sus cuerpos, los hacia estables y saludables.
FIN?
Pero bueno basta de clases de historia, y juntémonos a escuchar lo que debemos, que es un relato llegado a mi a través de una serie de seres, dijese que el primero en pasarlo fue un gato, no uno casero actual humano, sino un cazador silvestre libre de engaños, este se lo contó a un fauno, que contaba la historia mientras tocaba la flauta para darle un poco de ambiente y así fue como lo escucho un duende el cual molestaba a los malos humanos y entretenía a los niños con cuentos oídos por el fauno. Así en mi pequeña infancia llego a mis oídos tal historia.
Dijeron que en las épocas aquellas los reinos de hadas, duendes, gnomos y sátiros vivían despertar en el bosque, libre y elocuentes. En este bosque escondido no profanado el máximo humano era un druida ermitaño que vivía en los limites del bosque y el campo. Así con tal relajación comienza la historia de un hada de dulce corazón. Esta vivía sin querellas en un castillo que salía de un florido de azucenas, un abierto en al campo donde el sol rebotaba sobre estas flores blancas donde mariposas, aves, gusanos y plantas vivían y revoloteaban. En el hadeado, forma de las hadas de llamar a su reinado, no existía aristocracia ni una efímera democracia, se vivía en una completa armonía sin diferenciación y utópicamente reinaba la razón sensible del día, la comprensión de los hechos y la correctitud de las cosas, pero estas ideas no importaban ya que el conocimiento era implícito y otorgado por la madre naturaleza.
Centrémonos en esta hada bella como flor y portadora mostradora de su verdadera imagen, ya que en si esa era la significancia de su nombre inteligible porque su lenguaje no puede ser escrito así que la llamaremos como corresponde. La pequeña hada corría y volaba esparciendo por el campo sus polvos, este pequeña conocida por su dulzura que en cada flor en la que se posaba se volvía dulce en extremo, una ambrosía para abejas e insectos, faunos, gnomos y duendes las recogían, estas flores por el dulce aroma que emitían.
Parecía todo lo que tocaba la hada en dulce se convertiría. Pero este era sola un aspecto de la dulce hada, porque su belleza no tenia nada que se le comparara, ojos intensos como la oscura noche al fijar su mirada rodeada de un iris colorido como el arco iris que cambiaba con cada nota de sus sentimientos, alas cortas y finas que la hacían volar tan rápido como lanza un centauro su jabalina. Un rostro táctil y bello fino como porcelana suave como el misterio. Oh y el cuerpo que cuerpo divino curvado como la realidad en un encuentro benigno. La hada era reconocida y querida, no tenia al parecer enemigos en su familia y con familia me refiero al hadeado el reino de las hadas.
Esta criatura del bosque conoció un día un mago que andaba por el campo y este le hablo de conceptos en habla humana para explicar el llano de la existencia, que es como los humanos perciben la vida, con sus ciencias exactas o inexactas como las matemáticas y la magia. El hada conversaba con el mago y sentía un rubor al escucharlo y su aroma de dulzura engatusaba al humano, que quería tenerla y pensaba en retenerla. Este mago era bueno, un buen artista del engaño, ya que su magia no era negra, era de la naturaleza pero usada para su beneficio, costumbre actual en los humanos, pensar en su bien y no en quien o a que le podrían causar un daño, el egoísmo implícito del bienestar menester pero efímero en su ser.
Entonces, el hada se interesaba más por las historias del mago de mundos de piedra, dragones y miseria y como este le contaba que contra ellos competía queriendo traer a la humanidad una mejor dicha, cuando en realidad el oscuro pasado de este lo había traído a esconderse en el bosque silvestre. -Seudo Mago!- Grita un sátiro que paseaba por el campo, saltando y tocando y a veces murmullando una tonada. A esto el mago se levanta decidido a hacer retroceder en el comentario al pobre cantor, el hada perpleja mira un cambio en sus ojos en sus muecas, pero el mago se detiene, la actuación lo retiene y grita –Ea, señor fauno, sátiro encorvado porque no buscas mujeres que engatusar con tu canto y las traes al bosque a ser ninfas sin voluntad- a esto el hada mira acongojado al fauno que cantando se aleja diciendo entre música esta letra –Oh! pequeño humano, que no sabe mas que creer que le han contado, si traigo de los tuyos la bosque es para su libertad y dejar que por sus conceptos en la miseria se vayan a encontrar, una armonía en naturaleza, con la tieee-rra…-.
Este era el primer encuentro del mago con otro ser del bosque que podía percibir su embustero ajuste, ya que radiaba para el fauno, sonidos engañosos escondidos con otros propósitos. El hada no podía percibir ya que había quedado enganchado con la percepción del conocer, el habla y el haber.
El sátiro previamente comentado conocido en sus dialectos como la medicina y el protector, ya que su dinastía en eso había cabido a efectuar para a sus amigos del bosque ayudar.
El fauno ofrecía con la música de su flauta protección de la entrada de extraños agresivos que se veían alejados por el fuerte sonar de su son y armonía provenientes del corazón del bosque, esta misma melodía efectuaba para ellos una falta de agonía de sus males, ya que fortificaba sus cuerpos, los hacia estables y saludables.
FIN?
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